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    ¿Qué es La Ruta del Samurái? Es un proyecto que hemos organizado unos amigos para rememorar la hazaña de Hasekura Tsunenaga. Vamos a ir en moto desde Sevilla (España) hasta Sendái (Japón) en tres meses (25.000Km). Viajaremos hasta Finlandia, cruzaremos Rusia y Siberia, las montañas del Altai y el desierto del Gobi en Mongolia hasta llegar a Japón.

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ÚLTIMAS NOTICIAS: Misión cumplida, ya hemos llegado a Sendai y el viaje ha terminado. Actualizaremos la página web en los próximos meses, por favor visita nuestra página en Facebook para leer los últimos comentarios del viaje y ver las fotos más actualizadas. Muchas gracias! ^_^
Llegamos a la frontera entre Rusia y Mongolia el 25 de Julio. El último pueblo de Rusia se llama Tashanta, una pequeña aldea que no tardamos en cruzar más de 2 minutos. Nos hacemos la foto de rigor frente al letrero de entrada al pueblo y seguimos hacia la frontera rusa.

Cuando llegamos al punto de control, nos encontramos en la cola a dos motoristas canadienses (un hombre y una mujer), equipados con dos BMW GS1200 y un equipaje bien estudiado. Se nota que tienen experiencia viajando en moto por el mundo. Hablamos un rato con ellos y nos dicen que tenemos que volver un poco más atrás para rellenar unos papeles antes de poder entrar en la aduana y en el passport control.

Al final conseguimos entrar en las oficinas y empezar los trámites para que nos dejen pasar a Mongolia. El asunto del visado y pasaporte lo solucionamos rápido pero hay problemas con el cuaderno ATA. Al parecer en San Petersburgo no rellenaron bien el cuaderno y ahora al irnos de Rusia no quieren sellarnos el cuaderno porque dicen que ya está cerrada la importación.

Es la hora de comer, la frontera cierra durante una hora, así que nos quedamos deambulando por ahí, nos hacemos un picnic en medio de la frontera y esperamos a que vuelvan los funcionarios para ver que solución le damos al tema del cuaderno ATA. Después de esperar unas horas y de emplear técnicas avanzadas en protesta silenciosa, nos dicen que no hay problema, que podemos pasar a Mongolia pero que en el cuaderno ATA ha quedado registrado nuestro paso por Rusia de una forma un poco extraña, ya que nos dieron entrada y salida de la mercancía en San Petersburgo.

Tomamos la salida y nos dirigimos hacia en siguiente puesto fronterizo, no sin antes pasar por otros dos controles de pasaporte. Ya en la frontera de Mongolia, entramos en las oficinas para tramitar los papeles de la moto y los visados. Mientras yo me encargaba de los papeles, Vicente se queda vigilando las motos. Hay varios camioneros rusos dando por saco, toqueteando las motos, poniéndose el caso sin pedir permiso... Vicente casi les suelta una hostia.

Cuando conseguimos arreglar los papeles (unas dos horas) seguimos adelante, nos paran y nos obligan a comprar un seguro para la moto (500 rublos, unos 14€). Los niños se acercan a nosotros para pedirnos alguna chuchería.

Por fin conseguimos entrar en Mongolia y se pone a diluviar, la carretera de tierra se convierte en barrizal con charcos que hacen muy difícil la conducción. Tenemos que llegar a un pueblo llamado Tsanangur y no podemos parar. Llegamos a un punto en el que la carretera está cortada por una verja. Que coño es esto! Nos quedamos desconcertados por un momento, no podemos creernos que nos obliguen a ir campo a través... pero al final es la única opción. Nos apretamos los machos y nos metemos por medio del monte durante varios kilometros. Bordeamos la verja y llegamos al primer pueblo Mongol desde la frontera rusa. El camino ha sido complicado, hemos tenido que pasar por algunos charcos profundos, llovía a cántaros y las motos se han puesto muy sucias.

Cuando llegamos al pueblo, el aspecto es bastante peor que los pueblos rusos. Parece bastante devastado, sin embargo el paisaje y las montañas son impresionantes. De pronto se acercan dos chavales en moto, tienen una sonrisa muy amplia y enseguida se ponen a chapurrear algo de inglés. Quieren llevarnos a su casa para tomar un chai (té) y también nos dicen que nos quedemos a dormir porque llueve mucho y el siguiente pueblo está lejos y la carretera es muy mala.

Nos decidimos a ir con ellos y llegamos a su humilde Ger, donde su familia nos espera con los brazos abiertos. Para variar, nada más llegar me caigo de la moto y la maleta lateral se llena de barro. Se está convirtiendo en un clásico lo de ver la moto en el suelo...

Entramos en el ger y nos sentamos a tomar té y hablar un poco con los padres de los chicos que nos rescataron. Parecen contentos de tenernos como invitados y se quedan sorprendidos de todo lo que sabemos decir en Mongol. Enseguida lo arreglamos todo, concretamos la comida para la cena, metemos el equipaje y nos ponemos cómodos junto a la estufa.

Pronto anochece y ya me estaban dando ganas de darle algo a esta gente que tan bien se estaba portando con nosotros. Salimos afuera y empezamos a sacar cosas de las maletas, linternas, candado, radio, camisetas, medicinas, gafas de sol,... al final se quedaron super contentos y nosotros  más tranquilos de poder compensar la hospitalidad que nos ofrecían.

Más tarde empiezan a venir vecinos y familiares. Somos la atracción y no pueden dejar pasar la oportunidad de venir a saludarnos. Nos ponemos todos a cenar, hay varios niños y enseguida se interesan por las fotos que les enseñamos de la cámara, los videos hechos con el móvil y las historias que les contábamos sobre Rusia. Parece increíble pero tienen en muy lugar al país vecino...

Empieza a anochecer, los invitados se van a su casa y nosotros nos caemos rendidos en la cama, no si antes pasar un poquitin de vergüenza por tener que cambiarnos de ropa delante de toda la familia que no paraba de mirarnos. La cama es un horror pero la euforia que sentía por estar allí con ellos hace que ni si quiera se me pase por la cabeza lo incómoda que es la cama.

Continuará...

Hace más de un mes que no me digno a escribir algo con un poco de sustancia literaria y además me voy a evitar contar todas las patéticas excusas que me vienen a la cabeza.

Estamos en Vladivostok desde el miércoles pasado y nos quedan ya solo dos días más para tomar el ferry que nos llevará a Corea del Sur y luego a Japón. Creo que no hace falta que diga las ganas que tengo de llegar, los que me conocéis ya estareis cansados de oirme hablar de Japón cada dos por tres. El caso es que hemos tenido que quedarnos una semana en esta ciudad porque el ferry a Japón solo sale una vez a la semana. Además tuvimos la "desgracia" de llegar solo unas horas después de que zarpara. Unos días más tarde nos dimos cuenta de que no fue tan mala suerte porque empezamos a hacer las gestiones y nos dimos cuenta de que realmente necesitabamos dos o tres días para arreglar los papeles de las motos.

Fuimos un poco ingenuos y llegamos a Vladivostok sin tener ni idea de los horarios ni del número de ferrys que habia. Luego nos enteramos de que solo habían tres opciones posibles: la primera consistia en tomar dos ferrys y cruzar a Japón a través de la isla de Sahalin (Rusia) y luego llegando a Wakanai (en Hokkaido). Esta opción la desechamos pronto (aunque era mi preferida porque me habria gustado ver Hokkaido). Ya teniamos los papeles del cuaderno ATA configurados para Vladivostok y viendo como está el panorama con las aduanas, preferimos arriesgarnos 0,0.

La segunda opción que teniamos era tomar un ferry directo hasta Toyama pero al parecer la compañía que ofrecia este servicio decidió vender el ferry y cerrar la empresa. Seguramente no les salia rentable o quizás se endeudaron tomando demasiado vodka y tuvieron que vender. Quién sabe! el caso es que nos jodieron el plan.

La tercera opción (la que menos nos gustaba) ha resultado ser la única vía de escape de Rusia. Viajar a Donghae (Corea del Sur) y luego a Sakaiminato (sur de Japón) con la compañía DBS. El trayecto dura dos días y nos ha costado la friolera de 600€. Un pastiche considerable!

Durante estos días que tenemos que estar en Vladivostok hemos aprovechado para hacer la colada, intentar comprar unas zapatillas nuevas para Vicente y en general mover el culo un poco por la ciudad. Nos hemos acomodado bastante en el hotel y la verdad es que unos días de descanso se agradecen bastante. Me gusta ir en la moto por ahí solo, haciendo gestiones como si estuviera en Alicante. Conocerme las calles y saber como ir a los sitios del barrio. Es una sensación que siempre me gusta repetir. Ya cuando me fui a vivir a Barcelona y Madrid me empezó a gustar y parece que no deseaparece. Volver a empezar desde cero en una ciudad nueva es una pasada! Todos los días hay algo nuevo que aprender y eso de superar retos tiene algo de química ¿endorfinas quizás? que lo hace bastante adictivo (por lo menos para mí).

Para ir a hacer gestiones en Rusia ya me hago a la idea de que voy a pasar casi todo el día. Hay que tener mucha paciencia y ser muy persistente. En muchas ocasiones le digo a Vicente, "Ves? si nos hubieramos rendido cuando nos han dicho eso, no lo habriamos conseguido". Los funcionarios nos suelen cerrar muchas puertas, no quieren ayudar, somos una complicación para ellos, no hablamos el idioma. Hay que ser muy persistente y emplear la táctica de la protesta silenciosa. Esta técnica nos ha funcionado bastante bien durante todo el viaje y voy a explicarla porque tiene su gracia.

Cuando las autoridades rusas se cierran en banda y no hay forma de llegar a ningún sitio, hay que hacer como Gandhi. Una protesta no violenta. La guerra no verbal. Buscamos el sitio que más les gusta, donde se reunen a fumar el pitillo o un cruce de pasillos bastante transitado, el caso es que te vean e incomodarles. Nos vamos directamente a ese sitio y hacemos una sentada. Nos ponemos a hablar entre nosotros y a esperar la reacción. Al rato siempre aparece alguien más predispuesto a ayudar o llama a otro que sepa un poco de inglés. El tema es deshacerse de nosotros :-)

En el hotel donde nos alojamos también hemos coincidido con otros tres moteros que también están viajando por el mundo. Jesús, un vasco que viaja desde España hasta Australia tiene una moto Ural (marca rusa) con sidecar. Le gusta tocar la guitarra clásica, fuma, es pelirojo y a veces se tira un rato hablando sin mirarte a la cara. Eric, es francés pero su abuelo era español. Es fotógrafo de viajes extremos y viaja desde España a Shangai en una Harley Davidson de 350Kg (con dos cojones). Lleva 3 bidones de gasolina y puede hacer 700Km sin parar. Metió su moto en China dentro del maletero de un autobús pero le pillaron y tuvo que salir de China a los pocos días. El último es Alex, un motero suizo que va hasta Japón en una GS1200. Hoy se ha ido de vuelta a Moscú donde recojerá su moto que envió en el transiveriano desde Vladivostok.

En fin, nos hemos juntado una cuadrilla interesante y nos reunimos de vez en cuando a contar historias de viajes y tomar cervezas. Así seguiremos un par de días más!

13 de Julio de 2010. 2:06 am, en un hotel de Yekaterinburg, Rusia

Hoy ha sido un día durillo pero bastante interesante. Salimos a las 9:00 am desde un pueblecito llamado Sim (situado entre Ufa y Yekaterinburg). Ayer tuvimos que parar en ese pueblecito porque había un incendio en la carretera y se formó un gran atasco. Mientras nos paseábamos por el pueblo con la moto en busca de algún sitio para dormir, la gente nos miraba como si fueramos auténticos extraterrestres. Nos hemos encontrado de todo, gente que te saluda e intenta entablar conversación, otros que se giran al ver la cámara del casco, algunas niñas que salen corriendo atemorizadas en busca de su madre. En general me he sorprendido de ver que la gente se muestra muy prudente y por lo general no se atreven a acercarse mucho hasta que no nos ven sonreir y saludarles. Pero pasar desapercibidos  como en Europa es imposible.

El caso es que nos encontramos con dos chavales (en un 4x4 de esos que regalan...) y éstos nos indican que los sigamos hasta el hotel del pueblo. Cuando llegamos al hotel, montamos el típico show de cada día, balbuceos en ruso, dibujitos en papel y onomatopeyas de todo tipo y color para conseguir hacerles entender el tipo de habitación que buscamos. Al final nos la dejaron en 800 rublos más 40 por el parking (unos 22€). Entramos a la habitación (que hacia un pestazo a calandraca considerable) y vemos que no hay ducha. Nos dicen que tenemos que lavarnos en una especie de sauna con unas palanganas y unos cazos. No tenemos fotos (llovia y me dio pereza sacar la cámara) pero puedo asegurar que el lugar era de lo más pintoresco. La sauna era una caseta destartalada rodeada de cabras y cosas oxidadas por doquier.

Al día siguiente nos despertamos con el placer de haber dormido sabiendo que España era campeona del mundo, una visión que se desvaneció en cuanto escuchamos la incipiente bocina de un trailer de 40 toneladas que bajaba sin frenos por un puerto de montaña. La gente del pueblo salió a ver el espectáculo y a la espera del desenlace feliz o la catástrofe. Al final consigió esquivar unos 30 coches y no hubo muertos ni colisiones con grandes explosiones. Después del breve momento de excitación nos ponemos a cargar los bultos y a empezar el viaje rumbo a las montañas urales.

Los urales no son la panacea, pero la verdad es que lo hemos agradecido bastante. Tanta carretera recta y llanura se hace un poco pesado. La montaña es siempre más divertida, las curvas te obligan a moverte un poco encima de la moto y suben la adrenalina. Si a eso le añades que hoy iba escuchando uno de mis grupos favoritos "Radiohead" y que a ratos se ponía a llover a lo bestia, el resultado es sumamente placentero. Otra gracia y desgracia de viajar en moto es que podemos oler los sitios por los que pasamos, aunque poder oler los urales con lluvia es otra pasada.

A la hora de comer hemos parado en un pueblo llamado Miass y luego hemos seguido hasta Karabash, un sitio que me ha llamado la atención por su aspecto inóspito. Montañas de arena negra, escavadoras viejas abandonadas, chimeneas muy altas, agujeros humeantes. Una combinación de colores irresistible para cualquier fotógrafo. Me podría haber quedado el día entero haciendo fotos de cosas oxidadas y abandonadas. Me recordaba a una de esas pelis rusas que retratan sociedades distópicas, en concreto la de S.T.A.L.K.E.R.

Las carreteras y los kamikaces

Llevamos alrededor de 10.000Kms de viaje, de los cuales al menos 3.000 los hemos recorrido en Rusia. La diferencia de viajar en Europa a hacerlo en Rusia es abismal. Las carreteras han sido una de las mayores sorpresas que nos hemos llevado. Sabiamos que estaban mal, pero no tan mal como nos las hemos encontrado. En general no hay autopistas ni vias rápidas. Son todo carreteras convencionales de uno o dos carriles por cada sentido de la marcha. No están valladas, así que a veces te puedes encontrar a gente cruzando, perros que salen a ladrarte, caballos, vacas y ovejas... El estado del  asfalto es alucinante. Como pasan miles de camiones al día, dentro de un carril hay dos escalones de unos 10 o 15 cm. de alto que corresponden a las rodaduras de los camiones. Es un fastidio porque para moverte con la moto dentro del carril tienes que tener cuidado al subir y bajar estos escalones. Hay un montón de agujeros, pavimentos rayados que hacen que se deslice la rueda de delante, vias de tren que sobresalen un montón. Además hay un tráfico muy intenso, no respetan los margenes de separación y te adelantan por cualquier sitio. Se hace muy dura la conducción y la velocidad media que llevamos es de entre 60 y 70Kph.

Hace un par de días nos cazó un policia mientras haciamos un adelantamiento a 134Kph por una carretera de 80. Lo tienen bien montado, se esconden detrás de árboles (estilo viejuno) y desde lejos te apuntan con el cañón. Luego te paran y te enseñan la velocidad a la que ibas. Nos tocó volver a hacer el show y untar al policia con 500 rublos, aunque creo que se puede bajar aún más, por lo menos hasta 200 rublos. Hay que ir con cuidado porque si se enfadan quizás te quitan la documentación y te hacen perder un día o dos.

Ese mismo día Vicente y yo nos perdimos. Mientras yo paraba en el arcén, Vicente adelantaba a un camión y no lo vi pasarme. Al final gracias a los walkis que nos patrocina Midland pudimos volver a encontrarnos. Lo peor es que con las prisas no pude parar en un buen sitio y se ma cayó la moto al suelo. Aún así tuve suerte de que no se cayera por la ladera...

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Algunas cosas curiosas

Me ha sorprendido que en los menús de los restaurantes (aquí los llaman cafés) venga siempre especificado los gramos de los platos. Es muy práctico! El alcohol también lo miden en gramos. Un chupito normal de vodka son 50g. y uno doble 100g.

Por lo general, los rusos que nos hemos ido encontrando son buena gente. Nos han ayudado a encontrar sitios para dormir y se han mostrado muy amables. Hay de todo, como en todas partes. También hay algunos más secos que nos ponen mala cara cuando ven que no hablamos ruso, aunque quizás lo hacen porque se ponen a la defensiva al no poder ellos expresarse en inglés.

No hemos visto ni un solo vehículo extranjero en todo lo que llevamos de viaje en rusia. Solo algún motero como nosotros. Será por lo complicados que son los trámites.

El aspecto en general de los pueblos y ciudades es bastante deprimente. Hay muchas cosas oxidadas, derruidas y viejas. Los edificios son sencillos, poco alegres, me imagino que son un legado de la época comunista. A nivel de diseño y estética urbana hay muchas carencias, sin embargo la gente viste bastante bien, le gusta arreglarse. Es un contraste muy obvio, sobre todo ahora en verano. Imagino que en Invierno el escenario será totalmente diferente.

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